jueves, 30 de enero de 2014

Estrellas

Jesús Hernández Martínez


He dejado de mirar al cielo, antes lo hacia muy seguido, en muchas ocasiones alzar la mirada de noche me llenaba de esperanza, sin embargo he dejado de hacerlo, podría justificarme diciendo que me he enterado que muchas de las estrellas que vemos han desaparecido bastantes segundos, minutos, días, meses o años atrás y que en realidad lo que vemos son partículas de luz que tardaron en llegar a nosotros. Ahora más que nunca no debía mirar al cielo, no cuando mi disposición a percibir el pasado se había terminado.

Tome un cigarrillo y el encendedor que tenía en mi bolsillo, lo encendí, y sin más prisa lo lleve a mi boca. Es gracioso darse cuenta que hasta hace unos meses esa sensación de bien estar y tranquilidad que ahora me daba ese cigarrillo, antes la obtenía también cuando sacaba una buena calificación en algún examen, o cuando revelaba alguna mentira que decía, o cuando al final de día me daba cuenta que había hecho todos mis deberes.

Era ya de noche, mire mi celular para verificar la hora, 11:49 pm, y como era costumbre en el mes de diciembre, ese aire frío helado me golpeaba suavemente el rostro. Lleve nuevamente el cigarrillo a mi boca intentando callar esa voz en mi cabeza que gritaba: “¿Cómo puede llenarte de esperanza o de ilusión algo que ya no existe?”.

Hacia mucho frío, tanto que ya no percibía el suelo debajo de mis nalgas, de mis pies; con mi boca lanzaba calor a mis dedos intentado recuperar la sensibilidad, y por primera vez sentado ahí, afuera de mi recamara, recargado en la puerta, mire a mi alrededor, la azotea había cambiado mucho.

Tome la primera de esas múltiples cartas que en algún momento el me dio, la abrí y sin el mayor miedo le prendí fuego a una de sus esquinas, el papel se consumía tan lento que podía ver como si pudiese sostener con mis manos una estrella, nuevamente respire ese bien estar del cigarrillo, tome la segunda carta, y sin mas prendí una de sus esquinas, mientras se consumía pude leer esa promesa que me había hecho: “nunca te voy a dejar solo”, llene lo mas que pude mi boca con bien estar intentado evadir las lagrimas de mis ojos, tome la tercera carta, prendí fuego a una de sus esquinas y nuevamente pude percibir su letra: “Las mareas son largas y cansadas pero siempre hay un lugar a donde llegar aunque tengas los ojos cerrados”. ¿Cómo podía llenarme de esperanza o de ilusión algo que había dejado de existir?, había pasado ya un año, pero sabia que si volvía a leer alguna de esas cartas de nuevo tendría esperanza.

Durante toda esa noche contemple como poco a poco se consumieron en el fuego declaraciones, promesas, canciones, dibujos, propuestas, regalos…una vida que había terminado y que me aferraba a no dejar ir, mientras lagrima a lagrima mis ojos intentaban expirar esa ardiente luz que hasta hace unos segundos, minutos, días y meses me habían dado una esperanza de un regreso que solo existía en mi mente.


Era ya la mañana de mi cumpleaños, mire mi celular para confirmar la hora, 25 de Diciembre 2013 8:11 am. El frío seguía imponente, sin embargo ahora mi cuerpo podía sentir ese piso que durante años había estado ausente, como si por fin hubiese podido bajar de esa estrella, y esas partículas de lucidez que había tardado mucho en llegar estuviese ya presente en mi mente. Me levante, tome las colillas de cigarro en el piso y las guarde en mi bolsillo, lleve mi mano izquierda a la perilla de mi recamara y antes de girarla para entrar me di cuenta que por muchas esperanza que hubiese tenido no podía darle pan a quien gustaba de la mierda, gire mi cabeza, las cenizas permanecían aun intactas en el suelo, recordé su rostro, y por fin acepte que es mas fácil dar las nalgas que el corazón, y que a pesar de todo había igualado su valor y entregado ambas a él… ¿su elección?, la mas fácil, así como la mía lo fue…alzar la mirada y encontrar esperanza en partículas de luz que habían tardado en llegar a mi, de estrellas que ya habían muerto.

lunes, 27 de enero de 2014

Ruido

Jesús Hernández Martínez


(del baúl de recuerdos)
Mi habitación lucía mas solitaria de lo normal, el ambiente era húmedo y cálido a la vez, la música por primera vez entraba en mis oídos, llegaba a mi cerebro tomaba mis recuerdos y los rompía en mil pedazos. De un segundo a otro esa música se transformo en un ruido agobiante y sentimientos de remordimiento apagaron todo sonido a mí alrededor dejando en absoluto silencio mi vida, al instante llego él.

Lo mire y mi boca tomo un gesto de alegría, se sentó frente a mi y sus manos se aferraron a las mías, el aire era mas cálido de lo común y sin embargo mi alma se congelaba rápidamente, fuertemente el me acaricio, mis dedos lentamente desabotonaron su camisa, mientras mis labios tocaban lentamente su cuello, me preguntaste que era lo que me sucedía y yo no respondía, a cada segundo la temperatura aumentaba, seguías acariciando mis manos pero un  vacío las separaba cada vez mas, su mirada penetro la mía.

Su piel brillaba como nunca y esa luz se unía bruscamente al ruido molesto que lentamente envolvía nuestros cuerpos, a cada palabra mi voz rasguñaba sus manos intentando no alejarlas de las mías, pero aun así su seguridad permanecía intacta. El latir de su corazón se aceleraba transformándose en ruido para mis oídos, de mis ojos resbalaron pedazos de cristal que cortaban mi rostro, y con la mayor sutileza su lengua abrazo cada gota de sangre en mi, la temperatura era insoportable, el vacío cada vez mas alejaba nuestras manos, y sin embargo su seguridad permanecía intacta. Me preguntabas que era lo que sucedía, y yo respondía que no lo sabia, el ambiente me quemaba y el ruido se hizo aún más desesperante, el vacío distanciaba nuestras manos aún más , y mi aliento torno un sabor a amargura, insistías en preguntar y yo aún no tenia respuesta, seguiste acariciando mis manos, mis labios se aferraron a los tuyos mordida a mordida, preguntaste que sucedía y yo respondí con un “te amo”, un suspiro tuyo bajo la temperatura, mi cuerpo quedo inerte, mi alma se unió al vacío, que poco a poco se disperso lejos de mi, el ruido se volvió oscuridad, la soledad me abrazo, y poco a poco la música volvió a mis oídos. 

lunes, 23 de diciembre de 2013

Princesas

Galilea Guerrero Corona 

El siguiente cuento que quiero compartirles es muy importante en mi vida, ya que desde el momento en el que lo escuche me marco el corazón, el alma, mi todo. Quiero agradecer a la autora por ser una persona demasiado especial para mi, por siempre estar en lo momentos mas felices y difíciles de mi realidad.Te amo mucho Gali. -Jesús Hernández Martínez- 


Imagina esto. Imagina que eres una hermosa princesa, que vive en un reino muy, muy lejos de aquí. Imagina que tienes riquezas, que tu palacio es enorme y que tienes docenas de sirvientes que hacen lo que tu les pidas, a cualquier momento de día.
Ahora, en el balcón de tu inmenso dormitorio hay un príncipe, para ser exactos, el príncipe del reino vecino. El viene montado en un caballo, baja de el y al hacerlo se quita el yelmo y descubres que es guapísimo. Es alto, atlético y sus ojos color turquesa te convencen de que es el amor de tu vida.
Lo ves venir hacia ti, camina y al llegar se arrodilla a tus pies, con un inmenso ramo de rosas blancas.
Después de decirte un sermón, del cual no entendiste mucho, te pide que seas su esposa, tu mas que complacida, aceptas.
Bien, tiempo después se casan, la boda es bellísima, toda tu familia y la de él están ahí. Hay una gran celebración y aunque no conoces del todo a tu familia, sonríes y te paseas por el salón, tratando de agradar a todos.
Como se acostumbre en cualquier ‘Reino de altura’, los papas de la novia pagan la boda. Así que el bello príncipe y tú no tienen que preocuparse por nada.
Y digamos, que unos siete meses después, nace un pequeño y rosado heredero al trono. Siete meses no porque ya hubieses estado embarazada al momento de la boda. ¡Eso es pecado! Si no que el bebe nació prematuro.
Para esas alturas, ya te has dado cuenta de que el reino del que tu príncipe provenía no era el  más pudiente de toda la tierra, más bien el príncipe está bastante jodido, que comienzas a dudar que sea un príncipe real. Así que como la herencia que tú esperabas parece nunca existió, tú ahora esposo debe trabajar de obrero en una fábrica del reino. Porque una cosa era que tus papas hubiesen pagado la boda y otra muy diferente que los tuvieran que mantener.
Pasan un par de años, cuando te miras ya no tienes un solo heredero, se han convertido en cuatro niños que no paran de gritar y destruir la pequeña casa de interés social, donde ahora se han tenido que acomodar.
Al mirarte, ya no eres la hermosa princesa envuelta en los más lujosos vestidos de seda que hace años eras; ahora pesas al menos diez kilos más y con dificultad traes puesta ropa de algodón de la placita del reino. Ya tampoco tienes sirvientes que hacen todo por ti, ahora tu tienes que cocinar, planchar y lavar, no solo para ti misma, si no para cinco personas más. De aquellas riquezas que tenias, ya quedan muy pocas, que probablemente muy pronto tendrás que empeñar al igual que las demás.
Los años siguen pasando, a lo largo de ellos has descubierto a tu ‘príncipe azul’ en innumerables aventuras. Pero en un reino como este no hay nada que tú puedas hacer.
Ya eres vieja, ya ninguno de tus hijos vive contigo, no tienes dinero y pasas los días de tu vida tejiendo en una silla; mientras tejes recuerdas tus caros vestidos, tus sirvientes, tus joyas, tu palacio, tu príncipe.

Así que piensas y deseas nunca haber imaginado…

sábado, 9 de noviembre de 2013

Desconocido

Jesús Hernández Martínez

Verde y azul, son los colores que recuerdo veía cuando Dario me besaba, cuando sentía sus manos tibias recorrer mi abdomen, mi pecho hasta llegar a mi espalda. Él decía ver una luz blanca, pero algo me decía que su respuesta solo era para no quebrar el romanticismo de ese momento.

¿Estará viendo lo mismo?, no lo sé, a Joel no lo conozco muy bien. 

Nunca me ha gustado alzar la mirada cuando me encuentro haciendo sexo oral, en mi mente me visualizo muy gracioso, pero a ellos dos parece excitarles mucho. Es como si no importaran los movimientos que hago con mi lengua sobre su pene, ni las partes de su cuerpo que poco a poco voy acariciando, ni mucho menos si estamos enamorados el uno del otro. Lo único para ellos excitante es percibir a alguien lamiendo su miembro y al mismo tiempo mirándole a los ojos. 

Recuerdo también cuando al igual que Joel, me estremecía mucho cuando me besaban el cuello, cuando me acostaba boca abajo sobre la cama y comenzaban a bajar con su lengua desde mi nuca, pasando por mi espalda, hasta llegar a mis nalgas. 

Nunca pude darle una explicación clara a Dario de esos momentos en los que tocaba o besaba partes de mi cuerpo y no paraba de reír, o que cuando al tener un orgasmo reía a carcajadas.

¿Estará sintiendo lo mismo?, no lo sé, a Joel no lo conozco muy bien.

Me beso y yo le correspondí. Su lengua tiene una suavidad muy particular que me gusta y atemoriza al mismo tiempo. Baje con mi boca por su barbilla hasta llegar al cuello, y se estremeció, lleve mi lengua hasta su pecho y comencé a hacer círculos con ella sobre su pezón izquierdo, se reía excitado, sin perder el ritmo baje por su abdomen hasta llegar a su pelvis, lentamente le quite su boxer color morado, el que por cierto no podía ocultar su notoria erección. Nuevamente con mi lengua recorrí sus piernas y la lleve hasta su pene, él se estremeció mas, y pidió que lo mirara a los ojos. Al poco rato yo me encontraba en su lugar, pero ni su cuerpo sobre el mio, ni su lengua en mis pezones, ni sus labios en mi pene, provocaron que sonriera, lo único que percibía eran sus sabanas color verde y el azul en sus paredes. Sin pensar mas me levante y volví a llevar su pene a mi boca, intentando persuadir su necesidad de penetrarme. 

Después de un buen rato mientras me besaba, su semen escurría por su glande, lentamente llevo sus brazos alrededor mio, yo hice lo mismo. Diez segundos después se levanto y dirigió al baño. 

Me quede tranquilamente recostado sobre la cama, cerré mis ojos, sentí nuevamente sus labios y su cuerpo sobre el mio, había un calor muy relajante que nos envolvía, el cual hacia mas verdosas las sabanas y mas azules las paredes. 

Bajamos a la cocina, era la tercera vez que me encontraba en la casa de Joel, tomo dos tazas y las lleno de té caliente, era ya de noche, el ambiente frió me hizo aceptar con gusto la bebida. Ya sentados en la mesa note que me miraba, de esa manera en la cual me gusta que me miren, respondí a sus pupilas e incomodado hice un gesto gracioso, comencé a reír, él sonrió y me pregunto: ¿qué planeas hacer mañana en tu vida?, y yo respondí: ¿En mi vida? No lo sé, aún no la conozco muy bien.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Mierda

Jesús Hernández Martínez

La gente es una mierda, y realmente lo digo literal, las personas son una mierda; muertas o vivas, inteligentes o tontas, maduras o inmaduras, buenas o malas, siempre mierda. Y aun sabiendo todo esto debemos seguir caminando haciéndole creer a los demás todo lo contrario. 

Alguna vez se han puesto a pensar, ¿de qué sirve levantarse a las 7 de la mañana, tomar tu toalla del sillón color azul que se encuentra dentro de tu recamara minuciosamente acomodada, llegar a tu baño perfectamente limpio, abrir la llave de la regadera, notar que durante la mayoría de tu vida nunca ha faltado agua caliente, tranquilizarse al sentir las gotas de agua caer sobre tu espalda, tomar el jabón y unos cuantos menjurjes mas e intentar quitar la mierda con la que tendrás que cargar a diario durante el resto de tu vida, terminar y volver a dejar impecable todo para que nadie lo note, regresar a tu recamara, tomar unas cuantas prendas de tu closet perfectamente diseñado, vestirte, si no con ropa cara pero con algo con lo que socialmente puedas pasar tranquilamente desapercibido, llegar a la cocina donde se encuentra tu madre ya preparando el desayuno, el cual comúnmente nunca falta, decirle: "buenos días Mami", recibir un: "buenos días hijo, tu desayuno esta ya en la mesa para que te lo lleves, apúrate se te hace tarde"; tomar el toper color morado y meterlo a tu maleta deportiva de pseudo-cuero, salir, cerrar la puerta de la entrada y notar a través del vidrio ligeramente quebrado de esa misma puerta color negro, que tu cabello castaño planchado ligeramente crecido esta un poco desalineado, pero que a pesar de eso te vez reluciente?. Para luego comenzar a caminar un poco mas a prisa de lo normal para no llegar tarde a tu clase, como buen estudiante de escuela publica que eres. Tomas sin ningún tampujo el primer transporte, al subir te comportas amable con las demás mierdas desconocidas solo para hacer notar tus buenos modales. Al llegar a tu primer destino te das cuenta que miles de mierdas mas se encuentran un poco atareadas por la no llegada del transporte, así que deduces que esperan el mismo transporte y que si eres demasiado desafortunado también van al mismo destino, lo que significa que tendrás que irte de pie todo el puto recorrido. Después de un buen rato ya han pasado cuatro de las únicas rutas que te pueden llevar a tu universidad atascadas hasta su puta madre, y sigues esperando junto con algunas personas mas. Sacas del bolsillo de tu pantalón tu celular negro, ya viejo, muy usado, pero costoso, para ver la hora, al subir la mirada notas que vienen dos de los autobuses de la misma ruta que te llevan a tu destino; apresurado haces la parada y corres intentando llegar primero que los demás para agarrar espacio dentro del primer autobús que se detiene. Sin éxito y después de un par de empujones con las demás mierdas, notas que el autobús de atrás viene vació, así que desesperado le haces rápidamente la parada y corres hacia el, un segundo antes de poner el pie en el primer escalón sucio de ese mugroso autobús notas que el mismo no se ha detenido y ni piensa hacerlo. Como puedes lo abordas, así que ya emputadisimo tomas de una de las bolsas de tu maleta negra de pseudo-cuero los seis pesos del pasaje y se los lanzas haciéndole notar tu descontento.

Ya arriba buscas el asiento mas cómodo junto a la ventanilla, al encontrarlo lo sacudes, te sientas, miras a través del vidrio el recorrido, una tranquilidad te invade y te lleva a recordar que esto ha sucedido continuamente durante dos años, y que alrededor de ese tiempo, vistiendo caro o no, levantándose temprano o no, siendo amable o no, será inevitable de aquí en adelante ocultar eso en lo que poco a poco te iras transformando... ¡Mierda!.